domingo, 13 de mayo de 2007

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Presiento tu mecedora
de Penélope demente
con el tiempo hecho una corte
de retazos hasta tu canto.
Sin báculo alguno levantarás
tu voz de tempestad
para conjurarlo todo.
Aún obrarás en almas
y plantas y el monolito
de tu fantasma
el claro de la hacienda llenará
de tus seres.
Recogiendo café,
o nadando en el charco.
Pizarra y gis,
tal vez un ábaco.
Siempre llegarás a una ciudad nueva
de abrigo y guantes
estampa de álbum,
corazón cortado.
Nunca habrá silencio
cuando tu nombre se nombre.
Una nostalgia como de mar lejano
encenderá velas en la mente.